Milagro
lunes, 24 de enero de 2011
Corazón palpitante
Su ágil mente sopesó un sin fin de posibilidades, ¿pertenecía el dije al asesino?¿contenía algún mensaje su equívoco simbolismo?¿era un fanático religioso que cegado por las prisas había cerrado el sobre con saliva dejando un rastro de ADN que finalmente le delataría? Ella tenía la certeza de que se trataba de un hombre, y ahora mientras sujetaba el frío metal con la yema de los dedos, se lo imaginaba a él haciendo lo mismo, intentando entrever su rostro. Sería un rostro sencillo, un rostro corriente, un rostro que inspirara confianza a la gente. Lo sabía intrínsecamente ya que ella misma inspira confianza por naturaleza, pero la imagen que conjeturó no era mejor que los inservibles retratos robots que se apilaban en sus archivos. Sabía inconscientemente que este no era su fuerte como investigadora. Ella dominaba los fríos hechos, era rápida para organizar, relacionar, barajar, reordenar y sintetizar su relativo valor en discretas categorías. La imprecisión sólo daría lugar a la crítica sexista de que ella era blanda, maleable, y de no estar a la altura de sus compañeros barones. Incluso ahora, al tiempo que se echaba hacia atrás un mechón pelirrojo de sus cabellos, le preocupaba que su compañero supiera instintivamente algo que ella sólo podía adivinar, ser considerada meramente una mujer bella era una corta pisa, algo impensable, pero era bella, de una belleza fatal, de un atractivo asombroso, sin embargo, el respeto que exigía en compensación, sólo aumentaba los anhelos de su corazón, poder abrirlo, dejar entrar a alguien.
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