Hoy te levantas y te preguntas que estás haciendo, que fue de aquel tiempo que has perdido para hacer lo que de verdad te apetecía hacer, todas las oportunidades perdidas en el tiempo, que ya no volverán a repetirse. Lo único que haces es lamentarte por ello, por no haber tenido el valor de haber dicho ¡alto! ahora es la hora de hacerlo, o ¡quieto! voy a cortar con esto de raíz.
Día a día te vas dando cuenta que la vida pasa, te cambian muchas cosas de repente, y a veces cuesta digerirlas más de lo que pensabas o hubieras imaginado. Te das cuenta que muchas veces en ese camino estás acompañada por mucha menos gente de la que imaginabas, pero que esos pocos te hacen sentir como si estuvieras rodeada por cientos, que te quedas en el camino con los que de verdad te apoyan y merecen la pena.
Algunos días se te hacen más duros de lo normal, sientes que los bajones son constantes, pero que de poco te ayudan, y tienes que esperar al día siguiente para levantarte con ánimos, poco a poco esos ánimos vuelven.
En definitiva, creces, te haces mayor, están cambiando muchas cosas de repente en tu vida, muchos cambios en tan sólo un momento, y de repente piensas que esa fase la tienes que pasar y superar, que tarde o temprano ocurre, y que si tardas en amoldarte a esa situación más tiempo de lo normal, quizá no sea algo tan malo, quizá sea ese el tiempo justo que necesites tú y tu mente a aclimatarse a todo lo que se te viene encima.
Simplemente esta etapa llega, y al final vives en ella, forma parte de ti, y tienes que hacerla tuya de la forma más personal que sepas, crear tu espacio, dejar tu pequeña huella en este mundo de locos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario